CONOCIMIENTO TRADICIONAL EMBERA Y AFRO EN LAS COMUNIDADES DEL GOLFO DE TRIBUGÁ, CHOCÓ
Fotos: Toño Cardona
CONOCIMIENTO TRADICIONAL EMBERA Y
AFRO EN LAS COMUNIDADES DEL GOLFO DE TRIBUGÁ, CHOCÓ
Por: Antonio María Cardona
Antropólogo
Instituto
de Investigaciones
Ambientales
del Pacífico-IIAP
Abstract
El
presente artículo trata del estado actual del conocimiento tradicional de las
comunidades étnicas embera y afrochocoanas del Golfo de Tribugá,Chocó-Colombia.
Basado en los resultados de la investigación diagnostica que realizo en estas etnias, con el Instituto de
Investigaciones Ambientales del Pacifico, Quibdó.
En primera instancia, se
definen las categorías socio-antropológicas
y ambientales de análisis del conocimiento tradicional. Luego se abordan
los elementos de caracterización de los saberes tradicionales de estas comunidades; fortalezas y debilidades, los
peligros de que pierdan la memoria colectiva ante los inminentes cambios
culturales a que se verán abocadas, por los planes de desarrollo no sostenible,
de intereses nacionales e internacionales: carreteras, puerto marítimo,
complejos turísticos hoteleros, etc. La valoración de la comunidad
internacional a la preservación del conocimiento tradicional de las comunidades
tradicionales. Termina con una mirada política, de sensibilidad de conciencia
ambiental, ante la necesidad de apoyar el fortalecimiento de los saberes
ancestrales de estos Pueblos autóctonos del Chocó, como una posible estrategia
de supervivencia étnica y cultural, bajo
los acuerdos internacionales de protección de la diversidad biológica y
cultural.
Palabras
Claves; conocimiento tradicional,
chamanismo, memoria colectiva, tradición oral.
PRESENTACIÓN
Este
texto trata del estado actual de los saberes
tradicionales o Conocimiento Tradicional-CT de las comunidades indígenas emberas
y de las afrochocoanas, de su importancia sociocultural y ambiental y ademas de peligro de perder la
memoria colectiva por los fuertes
cambios culturales impulsados por la sociedad nacional en su dinámica de
progreso y su acción extractiva de los recursos naturales en el Pacifico
colombiano. Está basado en información de campo obtenida en la investigación
diagnostica que se realizo en las comunidades indígenas de Jawa, Nuqui
arriba-Tandó, Pangui-yucal, y las
comunidades negras de: Partadó, Los Termales y Joví en la región del Golfo de
Tribugá, municipio de Nuquí en el Departamento del Chocó, Republica de
Colombia.
La
investigación diagnostica ha sido un trabajo colectivo con participación activa
de los investigadores comunitarios, líderes, docentes, autoridades y
organizaciones étnicas locales tradicionales: Cabildos indígenas y Consejos
comunitarios afros.
Parte
de una revisión bibliográfica mínima y pesquisa en internet sobre conceptualización
general del Conocimiento tradicional-CT
o saberes tradicionales y la definición de algunas categorías
antropológicas, sociológicas y ambientales que se utilizan: tradición oral,
chamanismo, mito, leyenda, cuento, diversidad cultural y biodiversidad entre las
más relevantes y pertinentes. También de la importancia nacional e
internacional que hoy se reconoce del CT, como legado humanitario y patrimonio
histórico y cultural de las naciones y comunidades que lo conservan.
Se
plantean además las características básicas, las fortalezas y debilidades culturales
y ambientales del fenómeno social CT, ante los cambios culturales abocados
dinámicamente por la contemporaneidad, en la interacción permanente sociedad
nacional y comunidades tradicionales. Las posibilidades estratégicas
político-organizativas de las comunidades y organizaciones étnicas de fortalecer el CT como una forma social de
supervivencia étnica, cultural y de conservación del medio ambiente.
Por
último, a manera de conclusión, los elementos básicos positivos del CT como
estrategia de supervivencia étnica, cultural y ambiental de las comunidades
indígenas emberas y las afrochocoanas.
Contiene
fotografías alusivas o simbólicas de estas culturas, para ambientar lectura y
contextualizar visualmente algo del contenido.
CONOCIMIENTO
TRADICIONAL EMBERA Y AFRO EN LAS COMUNIDADES DEL GOLFO DE TRIBUGÁ, CHOCÓ
Partimos
de respondernos la pregunta, ¿Qué es el Conocimiento Tradicional-CT?. Manera
inicial de entrarnos al marco de conceptualizaciones básicas para caracterizar
el CT en las comunidades de estudio del Golfo de Tribugá, región de la costa
pacífica chocoana.
La
Dra. Deborah Carter, investigadora social ambientalista del “Dene Cultural Institute” de Ottawa
Canadá afirma que el CT:
“Es el hilo que pasa a través
de la comunidad humana, enlazando la
biodiversidad, el clima e innumerables actividades…, ligado al proceso
chamánico”[1].
Según
Elizabeth Reichel, profesora de antropología de la Universidad de los Andes en
Colombia, define la relación del CT y chamanismo como:
“Una técnica política y
religiosa para regir sociedades a través de ciertos rituales, mitos y
concepción del mundo, de tal modo que se inculque en la comunidad el respeto
por el medio ambiente y la vida comunitaria como bien social común”[2]
Internet
Wikipedia expresa esta definición:
“Es el saber
culturalmente compartido y común a todos los miembros que pertenecen a una
misma sociedad, grupo o pueblo, y que permite la aplicación de los recursos del
entorno natural de modo directo”.[3]
Según El Convenio Internacional
sobre la biodiversidad biológica:
“El conocimiento
tradicional se refiere al conocimiento, innovaciones y las prácticas de
comunidades indígenas y locales en el mundo entero. Desarrollado de la
experiencia ganada a lo largo de los siglos y adaptado a la cultura local y el
ambiente, el conocimiento tradicional es transmitido oralmente de la generación
a la generación. Esto tiende a ser en conjunto poseído y toma la forma de
historias, canciones, el folklore, proverbios, valores culturales, creencia,
rituales, leyes de comunidad, la lengua local, y prácticas agrícolas,
incluyendo el desarrollo de especies de plantas y clases de animales. El
conocimiento tradicional es principalmente de una naturaleza práctica, en
particular en tales campos como la agricultura, la industria pescadera, la
salud, la horticultura, y la silvicultura”[4].
En
mi opinión, el Conocimiento Tradicional-CT es el conjunto de saberes autónomos
que posee un Pueblo, trasmitido oralmente de generación en generación y que se
expresa en habilidades y destrezas en la relación hombre-naturaleza y ligado a
una relación político-religiosa que se manifiesta en ideas y costumbres como
concepción del mundo.
En síntesis y brevedad, el CT
es el cumulo de saberes ancestrales que una comunidad o Pueblo tiene sobre la
Naturaleza y el Cosmo, trasmitidos por tradición oral y expresado en la
cultura.
El CT es parte importante de
la diversidad cultural y la biodiversidad. En este extenso planeta azul de
cielo y agua, en el tercio terrestre, habitan diferentes etnias y culturas,
todas relacionadas de alguna manera con las diversas manifestaciones de la vida
natural, que es lo que llamamos biodiversidad. El conocimiento tradicional es
más complejo de lo que suponemos, pues está ligado a esa diversidad cultural y
a esa biodiversidad.
Los saberes
tradicionales expresan y permiten preservar la diversidad cultural y la biodiversidad y son un recurso no
solamente para las comunidades locales, sino para toda la humanidad. Asi mismo la Declaración de la UNESCO 2005 sobre protección y promoción de las expresiones culturales afirma que
“La diversidad cultural es patrimonio humano y debe ser reconocida y
promovida a beneficio de las actuales y futuras generaciones; la diversidad
cultural es necesaria para la sobrevivencia de la humanidad así como la biodiversidad es necesaria para la sobrevivencia de la naturaleza. Todas las formas
de conocimiento son recursos extremamente importantes para enfrentar desafíos
globales tan difíciles como, por ejemplo, el cambio climático”[5]
Ese conjunto de saberes
ancestrales se mantiene vivo en algunos grupos humanos tradicionales gracias a su
forma de transmisión, la tradición oral y al relativo aislamiento.
¿Pero cómo define el humanismo
la tradición oral?
“Se define
como la forma de transmitir desde tiempos anteriores a la escritura, la cultura, la experiencia y las tradiciones de una sociedad a través de
relatos, cantos, oraciones, leyendas, fábulas, conjuros, mitos, cuentos, etc. Se
transmite de padres a hijos, de generación a generación, llegando hasta
nuestros días, y tiene como función primordial la de conservar los conocimientos
ancestrales a través de los tiempos”.[6]
Al respecto el antropólogo, Jan
Vasina[7]
en su obra: La tradición oral
es historia, dice:
“La cultura oral y la tradición
oral son material cultural y las tradiciones se transmiten oralmente de
una generación a otra. Los mensajes o el mensaje transmitido verbalmente en el
habla o la canción y pueden tomar la forma, por ejemplo, de cuentos populares,
refranes, romances, canciones o cantos. De esta manera, es posible que una
sociedad pueda transmitir la historia oral, la literatura oral, la ley oral y
otros conocimientos de generación en generación sin un sistema de escritura” [8].
Es así como afirma Vasina, es que
las sociedades a través del tiempo y los
diferentes espacios humanos, han transmitido su historia oral, su literatura oral, su derecho consuetudinario
y además conocimientos
tradicionales.
Una de las formas de codificación
y expresión del CT está cifrada en los mitos, los cuentos y las leyendas de las
comunidades tradicionales, ligadas fuertemente a las creencias y
costumbres mágico-religiosas. Para el
caso de los emberas del Chocó, ligada al
jaibanísmo (forma particular del chamanismo) y a las creencias católicas, caso de los
afrochocoanos. En esta afirmación subyacen las relaciones de sistema
tradicional de producción, seguridad
alimentaria y conservación de la biodiversidad. Su análisis nos permitirá dar
elementos de caracterización del conocimiento tradicional indígena y afro que
nos interesa.
El CT afro e indígena está
activo y se expresa en muchos aspectos
de vida cotidiana de las comunidades del golfo de Tribugá, principalmente en:
los sistemas tradicionales de producción-STP, en mitos, leyendas y cuentos, y
en los rituales mágico-religiosos, acerquémonos a esta afirmación:
Los STP son formas milenarias
ancestrales de adaptación del hombre afro e indígena en la explotación productiva
del medio selvático de los bosques húmedos tropicales de sus territorios
colectivos, cuyas características es el estar conformado por subsistemas de
explotación para garantizar la producción de alimentos básicos durante el ciclo
anual. Ellos son: cultivos tradicionales, pesca, caza, recolección silvestre, y
en menor escala las artesanías, las hortalizas, que en la zona se les llama “azoteas”.
Para el caso de comunidades negras del Chocó se adiciona la minería artesanal[9]
y la explotación maderera (muy intensa entre los afros).
Cada variación climática local
es aprovechada para hacer diferentes oficios que de paso tienen una función ecológica
en la conservación de los suelos, la variabilidad de las especies y el
equilibrio de las poblaciones vegetales y de animales. Ejemplo: en el invierno,
en los períodos de mayor abundancia de lluvias, crecen las corrientes fluviales; indígenas y
afros aprovechan para navegar en sus rusticas canoas de madera impulsadas a
fuerza muscular con palancas de empuje y canaletes. Pueden incursionar a
regiones lejanas de sus sitios habitacionales y encontrar especies útiles que en
el verano implicaría largas y extenuante jornadas de a pie por la selva, pues
los ríos verano no permiten la navegación en las partes altas. La pesca es más
abundante en rio y mar; las miles de toneladas cubicas de agua y materia
orgánica que las corrientes continentales vierten en esta época al mar, atrae a
las especies ícticas en toda su cadena biótica hacia las zonas costeras,
conocimiento tradicional que aprovechan los afros para intensificar la pesca
marina. Pasadas las lluvias que han dejado buenos productos de cosecha los
habitantes del golfo en general, realizan
jolgorios, creando de forma más frecuente espacios para las festividades
y el esparcimiento, mientras las poblaciones de animales y especies vegetales
de las áreas cercanas, descansan de la acción antrópica. Cada sub-período
climático del invierno o del verano, permite la diversificación de oficios y
faenas.
En la dinámica energética de
los STP, en primer orden de explotación e importancia productiva están los
subsistemas de cultivos tradicionales: plátano (diferentes variedades de musáceas),
maíz, arroz, yuca, ñame y frutales nativos (borojó, lulo, caimito, zapote
chocoano, guama, piña, papaya, limones, naranjas y otros menores). Se dan en
pequeñas parcelas entre los bosques con el sistema itinerante para las especies
no perennes, bajo la concepción de que
es necesario “dejar descansar la tierra”. Cultivos asociados en todas las
variedades reseñadas y muchas otras especies útiles que se dan silvestres en
las parcelas por regeneración natural, son fuentes importantes de: vitaminas, proteína
vegetal, harina y carbohidratos. Sigue el sistema pesca de rio y mar. Para el
caso de las comunidades afros más permeadas culturalmente por la sociedad
nacional, la pesca de mar, el turismo y
la explotación de la madera en los últimos tiempos se han convertido en las
actividades productivas principales de comercialización, en severo deterioro de
cultivos tradicionales y la recolección silvestre. Luego el sistema caza;
actividad individual, grupal familiar o de vecinos. Junto con la pesca son los subsistemas
productivos aportantes de proteína animal para la dieta diaria. Los plátanos
(la variedad hartón y especialmente el banano verde), el maíz y algunos frutales dan un ligero excedente de
comercialización entre emberas y afros.
La
importancia ecológica como expresión y vivencia del CT de estos sistemas en
comunidades afros e indígenas chocoanas la resume Cardona (2012) así:
“Además
de la seguridad alimentaria, esencia de su naturaleza, los sistemas
tradicionales de producción tienen un gran valor ecológico. El hecho de no
desyerbar con frecuencia los cultivos, impide el lavado de la tierra por las
intensas lluvias de la selva tropical. Evita sedimentación a las fuentes de
agua. La vegetación natural asociada a cultivos y frutales genera de forma
natural control biológico de insectos y microorganismos que podían ser muy nocivos para cultivos y
cosechas, fenómeno que no se dará si los cultivos están pelados. Protege la
humedad del suelo de la inclemencia de los rayos solares (humedad vital para la
flora y cultivos de bosque húmedo). Protege a la flora del volcamiento y quebraduras
durante las tormentas por la acción vendaválica de los poderosos vientos
tropicales. Renueva permanentemente los nutrientes de la capa vegetal por los
residuos florales de las especies. Permite el acercamiento de los animales de
la selva, y bien cuando se va al cultivo se puede venir con una presa sin haber
pensado en la cacería. Los indígenas al saber de nuestra llegada corrieron a
“desmalezar” sus cultivos (maleza para nosotros, más no para los emberas), para
“quedar bien” ante el otro. Ya conocen de los agrónomos y sus prácticas y saben
que el cultivo blanco debe ser de suelo “pelao” (sin malezas). “Nada es maleza,
dicen los viejos emberas, maleza es el hombre”. Mantener la variabilidad de
especies vegetales naturales en las parcelas, permite al habitante del golfo, cuando
va al cultivo, proveerse de un palo para la escoba, de una palanca para impulso
de sus canoas o un bejuco parra amarre; leña y fibras para cestería o bien una
planta medicinal, y evitarse una larga y extenuante jornada selva adentro”[10]
El CT también se manifiesta en
los mitos y las leyendas, expresiones orales del pensamiento colectivo. Al
respecto el antropólogo y escritor colombiano Antonio Cardona afirma:
“Aunque
en el lenguaje común mito y leyenda son sinónimos, en las ciencias humanas no.
La antropología diferencia claramente mito de leyenda. Ambas se definen como narraciones
extraordinarias y maravillosas de un pueblo, pero los mitos están referidos al
origen de las cosas. El mito siempre da cuenta del origen de algo: el universo,
el mundo, el hombre, los propios dioses, los elementos fundamentales de la
naturaleza (el agua, el fuego, la lluvia, el relámpago, el trueno, etc.). En
los mitos, los principales protagonistas son los dioses. Las leyendas están
referidas a sucesos extraordinarios donde los protagonistas son los semidioses,
los seres excepcionales o héroes, especialmente los héroes culturales como los
llama la antropología; aquellos extraños o excepcionales hombres capaces de hazañas y epopeyas más
allá del olvido. El cuento por el
contrario está referido a sucesos de la vida cotidiana y del hombre común,
seres muchas veces anónimos, sin nombres, aunque los sucesos sean mágicos,
sobrenaturales y extraordinarios, los protagonistas son humanos del común, animales o entidades
sobrenaturales del mundo de los espíritus”[11].
Estas
diferentes narraciones colectivas expresan normatividades de lo que el hombre debe o no debe hacer. Son normas
éticas y morales, cuya contravención puede acarrear problemas al individuo, a
la familia y a la comunidad.
El
conocimiento y manejo de una especie silvestre o domesticada puede bien estar
codificada en una de estas narraciones. Caso del maíz entre los emberas que
tienen varios relatos, donde paso a paso se indican los cuidados para la
siembra: desde la selección de la semilla, preparación de la tierra hasta el
consumo en su principal derivado, la chicha. Este cereal es fundamental para la
alimentación de hombres y animales domésticos, festividades y rituales
mágico-religiosos del jaibanísmo.
La
expresión y práctica del CT expresado en las concepciones mágico-religiosas, es
explícito en ceremonias y rituales
jaibanísticos, así como en el sincretismo religioso[12] de los afros. Algunos ejemplos:
Entre
los emberas existen las ceremonias llamadas canto
de jai y la jovenciada.
El
canto de jai es la ceremonia de curación de los enfermos, donde el CT está
presente. El ritual es dirigido por el jaibaná, sacerdote o chaman indígena, que
es un gran conocedor de la arbolaria local, la combinación de sustancias
derivadas de productos de animales, vegetales y minerales, conocimiento que se
considera sagrado y solo acceden a él los iniciados a jaibaná y los médicos
tradicionales (yerbateros, sobanderos, parteras, tongueros, pildeceros)[13].
La
Jovenciada es el ritual de la pubertad de las mujeres cuando se llega a
menarquía. Aquí también está presente el CT. Es necesario el conocimiento de
los viejos y miembros adultos de la familia de las doncellas, sabedores de la tradición, para preparar el
ritual; que implica bebidas embriagantes, comidas especiales y la utilización
de variadas especies silvestres para purificación, baños y construcción de
rusticas mamparas para el confinamiento de las jóvenes a las cuales se les harán
las diferentes ceremonias que las declarará mujer casadera.
Entre
los afros, los yerbateros para
curaciones, además de las plantas medicinales se valen de rezos con oraciones
herméticas, llamadas “secretos”, donde están presentes espíritus de la
naturaleza y santos del panteón cristiano.
El
chamanismo también tiene función ecológica de preservación, expresado en
creencias y percepciones. Entre los pescadores de ambas etnias, nadie osará
pescar en lugares sagrados, donde moran
las “fieras” (espíritus malignos que pueden adoptar la forma de un enorme pez
voraz, capaz de trozar en dos a un hombre de una dentellada (los emberas
también los llaman guánganos o nusí). Nadie contraviene esta
prescripción porque hay muchas historias de hombres que no han hecho caso del
tabú y han pagado con la vida o con enfermedades su osadía. A las poblaciones
locales de peces de estos sitios sagrados nadie las perturba; siguen su
desarrollo natural, lo que permite la repoblación de especies en todo el
ecosistema fluvial y marino.
El
chamanismo afro o indígena, como dice Elizabeth Reichel:
“Es una
forma ecopolítica, un mecanismo para la regulación y el control de los
recursos”[14]
En
general podemos afirmar que entre afros e indígenas el CT atraviesa todos los
hechos sociales de estas comunidades: en la artes de navegación, en la confección
de instrumentos musicales y de trabajo, artesanías, construcción de viviendas,
comidas, bebidas, rituales y jolgorios, es decir, en las costumbres y en el
pensamiento colectivo. La mujer es la principal depositaria y transmisora de la
historia y la cultura en las comunidades tradicionales, y juega un rol de vital
importancia social en la trasmisión del CT, pues es ella, la que en el trajín
cotidiano, en los espacios colectivos de trabajo, en los rituales, ceremonias y
jolgorios va legando esa sabiduría a las nuevas generaciones.
Ante la inquietud de cómo
se desarrolló este conocimiento, algunos científicos piensan que por el sistema
de ensayo y error; veamos:
“Los humanos
podemos utilizar una parte muy pequeña de la biomasa existente en el planeta.
El hombre al transformarse de cazador-recolector en agricultor, tuvo que
seleccionar y cruzar plantas y animales, para conseguir especies aprovechables.
Todo este trabajo de prueba y error ha implicado miles de años de dedicación
continua. Por ejemplo las primeras domesticaciones de plantas se produjeron, en
la medialuna fértil, hace unos 8.500 años a.C. y fueron el trigo, arvejas y
olivos. A este enorme trabajo y esfuerzo debemos nuestros cereales y animales
domésticos (bovinos, cabras, cerdos...). Un trabajo semejante se ha
desarrollado también en el campo de las plantas medicinales”[15].
El científico
y astrónomo Carl Sagán dice que esta afirmación es “equivocada o por lo menos
dudosa”[16] y se acoge más a nuevas
alternativas de otros científicos, oigamos:
“Existen
otras explicaciones alternativas a la prueba-y-error. Los pueblos que no
han perdido su tradición de contacto con la naturaleza y sus ingredientes
tienen una “natural” capacidad de entrar en contacto con la bioactividad de los
organismos del entorno, ese conocimiento se funda en la experiencia acumulada
sobre la manifestación de esos principios activos, moviéndose dentro del medio
como un ciudadano urbano lo hace en cualquier ciudad, aun las que no ha
habitado: sabe (intuye) las vías de acceso, la diagramación y estructura de los
servicios necesarios. Así, un habitante indígena o local puede guiarse por las
manifestaciones fenotípicas para advertir las propiedades, también el
comportamiento de otros organismos ante cada otro puede servir de indicio. Cabe
el error, tal como puede ocurrir en la ciudad. Cabe la mejor o mayor
sensibilidad y cuidado en la observación pero el ensayo no es ingenuo. De este
modo se explica que el conocimiento “va con los miembros” de una comunidad que
lo comparte aunque cambie de hábitat sirviendo esa experiencia para “servirse”
de los organismos encontrados”[17]
El
chamanismo tiene una opinión muy diferente a todas estas afirmaciones, los
viejos emberas dicen, que “el camino del conocimiento es el sueño”. Que cuando el
hombre apareció sobre Egoró, la
tierra, vivía con la totalidad de sí mismo. Primero, tenía conocimiento innato
directo, como el de muchos animales que
sin que nadie les enseñe, saben cómo sobrevivir. Muchos mitos amerindios y en
particular entre los emberas, afirman que al inicio de los tiempos el hombre
era igual a los animales y podía hablar con ellos y con las plantas. Luego se
volvió sedentario y perdió esta habilidad por el desarrollo social que le hizo
fijar su atención e interés en la
realidad que creaba como humano, entonces recurrió al transe y al sueño para
poder ver más allá de la realidad
cotidiana. Veía el jai[18]
de la planta, hablaba con él, y él le informaba todo sobre su esencia, virtudes
y propiedades. Qué parte utilizar, dónde se concentraban más las sustancias
curativas, etc. El hombre sin haber visto nunca la especie, iba después al
monte en la realidad cotidiana, la encontraba y la utilizaba. Entre los emberas
este sigue siendo el método actual de aprendizaje para los iniciados a
sacerdotes. Los jaibanás emberas (chamanes), no le señala plantas al iniciado
ni mucho menos le enseña sobre las partes a utilizar, la forma de preparación
ni dosis necesaria, el iniciado debe soñarlo por sí mismo. Y lo sueña.
Los
indígenas no desconocen el enriquecimiento del conocimiento por el método de la
observación y la práctica, y lo trasmiten también por esta vía, especialmente
las destrezas y habilidades del trabajo, como labrar una canoa o construir una
vivienda.
Personalmente
he tenido algunas experiencias oníricas que me han hecho pensar de que esto
puede ser posible, baste con una. Tenía dos años de contacto con los emberas, y
estaba muy interesado en conocer una especie que aparece con frecuencia en los
mitos. Me decían que antes de que llegaran los ibéricos había arboles de esta
especie, tan grandes y corpulentos que había un grupo de hombres que hacían sus
casas sobre sus ramas. Se da principalmente a orillas de las corrientes
fluviales. Creen los emberas que donde están ellos, el agua nunca se seca.
Leyenda o realidad, lo real es que el árbol existe, pero como es maderable, ha
sido arrasado por el hacha y ahora por la moto-sierra. Nanyama, un viejo embera
me indujo a soñar el árbol que deseaba conocer. Un día soñé que estaba frente a
un corpulento árbol, y supe de inmediato que era el árbol deseado, me acerqué y
traté te tocarlo, pero una enorme hormiga negra me hizo alejarme; lo miré
nuevamente y ya no era el árbol como todos conocemos un árbol, conservaba su
forma de tronco, ramas y hojas, pero todo era una unidad luminosa verde de extraña
sustancia, tal vez gelatinosa, es lo más cercano para definirla, supe que el
árbol tenía consciencia de si y de que yo estaba allí frente a él. Era un ser
vivo que sabía de mí y yo de él, esta certeza de conciencia me causó miedo y
desperté. Esa misma mañana, por impulso, me fui solo quebrada arriba hasta
parajes más allá de los que yo había transitado con los emberas; dejé el lecho
de la quebrada y me interné a la selva en una zona donde no había trocha ni
camino, y pronto estuve frente un corpulento árbol, y en una descarga de jubiloso
ímpetu inconsciente le grité: “yo te conozco”. Me acerqué, y su tronco era
transitado por grandes hormigas negras, de picadura muy dolorosa que los emberas
llaman, Genzerá. Tuve mucha alegría
por el sueño, pero algo de decepción, porque el árbol de espavé de los emberas que deseaba conocer, yo lo conocía desde niño con el nombre común de Caracolí.
Esa
tarde eufórico le conté mi experiencia a Nanyama. Detuvo la hoja de su filosa
navaja sobre la superficie del balso verde con el que confeccionaba una canoíta,
juguete para su nieto, que sentado a su lado no perdía vista de cada navajazo.
Me miró muy serio, casi de reproche, y dijo: “Pero le faltó hablar con él”.
La
dificultad que tenemos para acceder a este extraño conocimiento, quizás se
explique en la opinión de los mamos, chamanes
indígenas kogi de la Sierra Nevada de Santa Marta en Colombia, que afirman:
“Es
posible que el hermanito menor[19]
pueda entender el pensamiento de la naturaleza más allá de la oscuridad, si
vuelve a escuchar a los pájaros, a leer el leguaje de las burbujas del agua…
Mientras
siga lleno de libros, de máquinas, y
dedicando su vida a causarle daño a la tierra, enfermándose así mismo,
es muy difícil que su pensamiento alcance la trascendencia para mirar los
secretos ocultos…”[20]
Dejemos
esto aquí, porque las concepciones indígenas son temas espinosos, de muy poca
consideración y aceptación en la comunidad científica. Las traje a colación
solo para mostrar un posible camino del CT desde el chamanismo.
Tengan
o no razón los indígenas, es decir, sea como sea que se haya desarrollado este
conocimiento, lo importante es que aún está vivo en muchos pueblos
tradicionales; pero transitando un panorama de conflictos ante los avances del
desarrollo capitalista. Esos conflictos que pueden implicar la pérdida de la
memoria cultural de estos pueblos, ha llevado a la comunidad internacional a que
se preocupe por valorarlos y preservarlos. Este reconocimiento
internacional del CT, se resume y expresa claramente en el Convenio de
biodiversidad biológica[21], artículo (8)j: “Conservación in situ”, que
dice:
“Cada
país, en la medida de lo posible y según proceda:
j) Con arreglo a su
legislación nacional, respetará, preservará y mantendrá los conocimientos, las
innovaciones y las prácticas de las comunidades indígenas y locales que
entrañen estilos tradicionales de vida pertinentes para la conservación y la
utilización sostenible de la diversidad biológica y promoverá su aplicación más
amplia, con la aprobación y la participación de quienes posean esos
conocimientos, innovaciones y prácticas, y fomentará que los beneficios
derivados de la utilización de esos conocimientos, innovaciones y prácticas se
compartan equitativamente[22]”
Colombia firmó este convenio,
por tanto le compete como deber. Pero en nuestra constitución nacional solo hay
algunas generalidades sobre reconocimiento a la diversidad étnica y
cultural. Carecemos de leyes o disposiciones
que preserven el CT. Esa necesidad de legislar, ya es iniciativa de muchas
organizaciones y ambientalistas, así como del propio Ministerio del Ambiente y
de algunos parlamentarios. El Proyecto que realizamos en las comunidades del
golfo de Tribugá, trata precisamente de la codificación, fortalecimiento del
CT, y producir algunos insumos para esa necesidad de legislación. El Proyecto
es dirigido por el Ministerio del Ambiente, ejecutado por el Instituto de
Investigaciones Ambientales del Pacifico-IIAP, en convenio con las
organizaciones étnicas regionales y locales, y apoyado por el Plan de las
Naciones Unidas para el Desarrollo-PNUD y el Fondo Mundial del Medio Ambiente-GEF,
como iniciativa inicial nacional-internacional de valorar la importancia que
hoy reviste el CT.
Esta importancia se ratifica
en la “Declaración colectiva en torno a los Pueblos Indígenas y la Protección
del Conocimiento Tradicional”. Foro Permanente de Naciones Unidas en Asuntos Indígenas.
Nueva York, en mayo de 2004:
“Estos saberes permean todos los aspectos de nuestras vidas y se
expresan en formas tangibles e intangibles. El conocimiento tradicional refleja
la sabiduría de nuestros ancestros y tenemos una responsabilidad de protegerlo
y perpetuarlo para el beneficio de nuestras futuras generaciones” [23]
Otra fuente internacional de
valoración del CT, en Internet, afirma:
“Los pueblos indígenas, las comunidades locales, los productores de
pequeña escala y los campesinos han desarrollado y cultivado, mediante saberes,
innovaciones y prácticas tradicionales, especies vegetales apropiadas para la
agricultura y la medicina por milenios, contribuyendo a la diversidad biológica
y cultural. Los saberes tradicionales están en constante evolución y son la
base de la vida y las formas que ésta asume, impulsando la seguridad y la
soberanía alimentarias de pueblos y comunidades por todo el mundo, por lo que
son el fundamento de nuestro propio abasto alimentario.
Los pueblos indígenas y las comunidades locales son los custodios de los
saberes tradicionales relacionados con el uso de la biodiversidad en la
seguridad alimentaria y en la salud comunitaria. El desarrollo y la adaptación
de plantas y cultivos a diferentes condiciones ecológicas tales como suelos,
lluvia, temperatura, altitud, y para responder a las necesidades nutricionales,
medicinales, culturales y espirituales, es producto de los saberes
tradicionales. Estos saberes movilizan sofisticadas y complejas observaciones,
experiencias y entendimientos de las propiedades de los organismos vivos y sus
interacciones con todos los elementos de los ecosistemas locales. Los pueblos indígenas
y las comunidades locales y campesinas practican y mantienen el conocimiento
tradicional mediante prácticas dinámicas de cuidado e intercambio de semillas
que permite una innovación continua del cultivo de las plantas”.[24]
A nivel de las comunidades del Gofo de Tribugá este
acervo histórico y cultural, ha empezado a debilitarse y a ponerse en peligro
ante los profundos cambios culturales del desarrollo capitalista al cual están
abocados, pues la “Gran Cuenca del Pacifico” está en la mira y acciones
estratégicas de la industrialización y la explotación extractiva de los
recursos naturales. El Golfo de Tribugá no está exento de esta estrategia; hay
proyectos de carreteras, puerto marítimo, desarrollo hotelero turístico y una
intensa exploración minera y de hidrocarburos se realiza actualmente en la
zona; dinámicas de cambio socioeconómico asociadas al fenómeno del
paramilitarismo, el narcotráfico y la lucha armada de las guerrillas
colombianas ELN y FARC, en la que se incluyen también los sectores armados del
Estado colombiano: policía nacional, ejercito, en sus divisiones operativas:
fuerzas navales, aéreas y batallones de tierra, además de los grupos y
subgrupos de inteligencia militar, asesorados por militares de los Estados
Unidos de Norteamérica. Como se puede colegir por su propio peso, un panorama
nada prometedor se avizora para la cultura de las comunidades, sus territorios
ancestrales y los recursos naturales no renovables de la zona pacífica chocoana
en general. Por la experiencia histórica de los avances del capitalismo y la
industrialización en los países del tercer mundo, creo que no es necesario
exponer los resultados negativos de un desarrollo no sostenible para el propio
hombre, para el medio ambiente, y ni se diga para las comunidades locales
tradicionales. Ello se puede resumir, en que el CT cambiará a la misma
velocidad que andarán los vehículos por estas carreteras y con la misma rapidez
que se desbroza la selva tropical para los nuevos propietarios. Aculturación,
pobreza, desplazamiento forzado pérdida
de los territorios, y lo peor de todo, perdida de la memoria colectiva, es
decir, de la cultura y la identidad.
Por
eso, dentro de la lucha de resistencia étnica y cultural, las organizaciones étnicas
del Golfo han empezado a pellizcarse con esto del desarrollo capitalista y la
posible pérdida del CT, surgiendo entonces una dinámica de lucha por el
fortalecimiento de la gobernabilidad, la defensa de los territorios colectivos,
la necesidad de preservación de la memoria colectiva y la esencia particular de
ser, el idioma indígena vernáculo y la particularidad del español
afrochocoano, como elementos claves de
una estrategia de supervivencia étnica y cultural frente al huracán social que
se avecina, cuyos primeros vientos ya están soplando en todo el Golfo, en todo el Chocó y en todo el Pacifico colombiano
en general.
Las
debilidades de CT, se expresan ya en muchos aspectos de la vida social y
cultural de estas comunidades: en los lenguajes locales de ambas etnias. nuevas
palabras con nuevas significaciones y simbolismos se van introduciendo en
detrimento de las autóctonas; acción en la que contribuye la escolaridad y los
medios masivos de comunicación que empiezan hacer su irrupción en todo el
Golfo. Nuquí la cabecera municipal de la zona de investigación, cuenta con los
primeros espacios de internet; celulares y televisores han cruzado olas,
remontado ríos y montañas y han llegados a las comunidades negras e indias más
apartadas con sus telenovelas ejemplarizantes de las aspiraciones del hombre de
clase media urbano, en lucha permanente en el reino de la individualidad, la
ascensión social y el ansia de dinero, mostrando un mundo de ganadores o perdedores individuales, donde lo colectivo no existe. Esa debilidad
también está indicándose la producción económica, especialmente en las
comunidades negras que han empezado con los cultivos comerciales de una sola
especie, en detrimento de todo lo que se ha expuesto sobre STP. La introducción
de la ganadería en algunas familias afros que descuajan la selva para pasturas.
El ansia por el dinero para la adquisición de innumerables objetos útiles y
suntuarios que ofrece la sociedad nacional, es sueño de muchos entre afros e
indios. Debilitamiento del trabajo colectivo, especialmente entre los afros,
por el trabajo individual o familiar. El remplazo lento pero constante de la
medicina tradicional por la farmacopea occidental que ofrecen los servicios de
salud del Estado. El no contar los mitos, leyendas y cuentos de manera
colectiva, pues las familias y vecinos se agrupan ahora en torno a las casas
con televisor.
La
música y la danza tradicional están en franca inactividad desde hace unos dos
años, por el remplazo de la música que se reproduce en equipos, grabadoras,
radios y cajas electrónicas para memoria digital (USB), que por acá llaman
“bocinas”; los familiares jóvenes y amigos que han migrado a las ciudades, por
estudios o nuevas oportunidades de vida, las envían a la zona. Diariamente el
reguetón, el vallenato o la música arrancherada paisa suena en las viviendas
negras e indígenas. Todo el CT codificado y expresado en la flauta india y los
tambores africanos se han silenciado.
La
actividad turística, muy fuerte y permanente desde hace mucho tiempo en las
comunidades afros, es también un fenómeno social que trae pautas y conductas,
objetos, símbolos del occidente urbano al cual muchos aspiran.
Podría
ser muy larga la enunciación de cambios culturales en los otros aspectos de la
vida social, paramos aquí para decir que el debilitamiento más grave se da en
el pensamiento, por ende en la conciencia. Cuando un hombre tradicional empieza
a pensar en lo “blanco”, la identidad y
la etnia van por mal camino. A pesar de todo esto, hay una luz. Muchos líderes,
autoridades locales (miembros de los Consejos comunitarios afros y Cabildos
indígenas), docentes y gente pilosa del común, han empezado a ser conscientes
de esta problemática. Se han dado cuenta que el camino blanco puede tener
muchas espinas y abismos, y se ha ido generando una sana discusión al interior
de estas comunidades, impulsadas por las mismas organizaciones afros e
indígenas (regionales, nacionales e internacionales), y apoyadas por las Ong´s
nacionales e internacionales ambientalistas y de promoción y apoyo al
desarrollo sostenible, las universidades nacionales, los Ministerios del
Ambiente y la Cultura, que propugnan también por un mundo más amable con lo
verde y la preservación de las culturas nativas, en fin, un pequeño ejército de
invisibles hombres y mujeres verdes, luchadores y soñadores verdes, utópicos
del agua pura y clara, del oxígeno
limpio, de una fruta sin químicos, de un bienestar con naturaleza más
equitativo para todos donde a pesar del internet y la tv, se siga tocando
chirimía y bailando tamborito, donde las mujeres negras sigan recogiendo la
piangua (especie de ostra) y los indios emberas se sigan pintando la cara, el
cuerpo y el alma con jawa de la memoria ancestral, es decir, como cantaban los
Beatles: “déjalo ser, déjalo ser”.
Estas
discusiones permanentes en las comunidades indias y afros, han ido creando
dudas y conflictos de conciencia y de intereses entre algunos, ¡pero ah gracias!
La mayoría de los ciudadanos colombianos de estas localidades (muchos aún de
palabra) se inclinan por el agua clara del rio y del mar en los que siempre han
vivido. Saben ahora que hay dos caminos: el camino blanco que conduce al mundo
blanco, recto y veloz hacia el desarrollo extractivo no sostenible, y el camino
verde lento y curvo, brumoso e incierto, pues realmente parece que nadie lo ha
transitado, como si se ha transitado el
camino blanco. Ese camino verde que
muestran los luchadores invisibles de alma verde, consideran los indígenas y
los afros del Golfo, que no debe ser tan extraño ni tan incierto, porque de
alguna forma los ancestros y ellos lo han venido transitando, por lo que es
urgente y prioritario volverlo a retomar, asumiéndolo como un reto, como un plan
de Vida, como una posible Estrategia de supervivencia étnica y cultural, que se
debe pensar, construir, desarrollar en acciones concretas entre todos los
actores sociales interesados, pues considero que la forma más adecuada de no
perder la memoria colectiva ancestral, es viviéndola.
h
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de la conquista española. Rev. “Colombiana de Antropología”. Vol. XII. Bogotá.
[1] CARTER, DEBORAH. 1995. Artículo, Hilos
de conocimiento común. Revista “CIID Informa”. Pag 14
[2] Citada por Deborah Carter: (op.cit.14)
[3] INTERNET, WIKIPEDIA. 2012. Conocimiento tradicional, en: http://es.wikipedia.org/wiki/
[4] INTERNET, PLANETA. 2012 Convenio sobre biodiversidad biológica en: http://www.biodiversidad.gob.mx/planeta/CDB/cdb.html
[5] UNESCO (2005) Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural. En: http://unesdoc.unesco.org/images/0014/001429/142919s.pdf
[6] INTERNET, WIKIPEDIA. 2012. Conocimiento tradicional, en: http://es.wikipedia.org/wiki/
[7] Nacido en Amberes, Bélgica en 1929. Historiador y
antropólogo especializado en África.
[8] VANSINA,
JAN.
1985: La
tradición oral es historia. Editorial James Currey .
USA. Págs 27 y 28
[9] En
las comunidades de la zona del golfo no
se ejerce por escases de metales preciosos en el área
[10] CARDONA, ANTONIO MARÍA: 2012. Diagnostico sociocultural sobre CT en
las comunidades indígenas emberas del golfo de Tribugá-Chocó. IIAP.
Inédito. Nuquí. Pag. 31
[11] CARDONA, ANTONIO MARÍA: 2012. Panteón embera (El mito, una forma de ordenar el universo). Ensayo
inédito. Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacifico-IIAP. Nuquí.
Pag. 6
[12] En las comunidades negras se cree en el animismo de
herencia africana (duendes, espíritus malignos del mar y la selva, como la
tundra (espíritu de la selva), el riviel, (espíritu del mar), etc.), mezclado
con todo el imaginario cristiano del catolicismo (brujas, santos o acciones
directas del dios cristiano).
[13] Tonguero y pildecero: médicos tradicionales o jaibanás
que se especializan en la ingesta de
plantas psicoactivas (alucinógenas),
llamadas “tonga” y “pildé”.
[14] Citada por Deborah Carter: (op.cit.14)
[15] Op. cit.
Internet, Wkipedia. Conocimiento
Tradicional
[16] INTERNET, TERMINATOR. 2012. Conocimiento Tradicional asociado a la biodiversidad en: www.esbanterminator.org
[17] Op. cit (Internet, Terminator. Conocimiento Tradicional asociado a la biodiversidad)
[18]
Jai, energía vital, espíritu.
[19]
Muchos pueblos del orbe, son o han sido egocentrista.
Sus mitos los señalan como los “primeros” de la creación, otros se
autodenominan: “elegidos”, “puros”, “superiores” y hasta “guardianes”. De esto
no escapan los kogis, por lo que nos subvaloran “como hermanitos menores”.
Presunción humana, pues en esencia, en todo el planeta Tierra, existe solo una
especie de hombre; igual en corporalidad material, capacidad de pensamiento y
espíritu.
[20] RODRIGUEZ, JOSE VICENTE 2007. Territorio ancestral, rituales funerarios y chamanismo en Palmira
prehistórica, Valle del Cauca. Ed. Fundación Ecoparque-Llanogrande. Palmira.
Pag. 3.
[21] Acordado en Rio de Janeiro, Brasil en 1992 en los marcos de la
<<Conferencia de las Naciones Unidas sobre medio ambiente y Desarrollo>>,
también conocida como “Cumbre de la Tierra”
[22] INTERNET, PLANETA: 2012, en: http://www.biodiversidad.gob.mx/planeta/CDB/cdb.html
[23]
INTERNET. 2012. en: www.ipcb.org
[24]INTERNET. 2012, en: www.esbanterminator.org
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